Dirección

Ruega por nosotras: Daniel Monzón, el director de Celda 211, lleva al cine los reformatorios para mujeres del franquismo

La nueva película de Monzón cuenta la historia de una joven encerrada en 1974 por el Patronato de Protección a la Mujer. Llega a los cines de España el 6 de noviembre. Cómo la dirigió y el debate que abre sobre mostrar o sugerir.

Por Mateo Liriano··2709 vistas
Un grupo de jóvenes internas reza en una capilla en Ruega por nosotras, de Daniel Monzón
Arcadia Motion Pictures

En 1974, en Barcelona, Ana tiene 19 años y una familia acomodada que decide que su comportamiento es un problema. La ponen bajo la tutela del Patronato de Protección a la Mujer, la institución franquista que encerraba a jóvenes consideradas moralmente desviadas, y la envían a un reformatorio de monjas en Madrid. Allí conoce a Sole, una chica de pueblo en una situación parecida, y entre las dos nace una alianza frente a un sistema disciplinario brutal.

Es la premisa de Ruega por nosotras, la nueva película de Daniel Monzón, que llega a los cines de España el 6 de noviembre.

La película

Zoe Bonafonte interpreta a Ana y Manuela Calle a Sole, con Carla Domínguez, María Gandiaga, Adelfa Calvo, Bea Segura y Xavi Sáez en el reparto. Monzón escribió el guion con Jorge Guerricaechevarría, su colaborador de siempre. La fotografía es de Carles Gusi y el montaje de Mapa Pastor.

La producen Arcadia Motion Pictures y Noodles Production, con participación de RTVE, Netflix y 3Cat y ayuda del ICAA, con un presupuesto de 5.1 millones de euros. Se rodó en el verano de 2025 en Bizkaia, que hizo de Madrid de los años setenta, y en Barcelona. La distribuye Elastica Films y pasó por el Festival de San Sebastián.

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Mostrar o sugerir

Monzón es el director de Celda 211 y El Niño, un cineasta de género con mucho oficio para la tensión. Aquí lo aplica a un drama histórico, y la crítica ha discutido justamente eso. En Otros Cines, Violeta Kovacsics destacó la eficacia de la apertura, que enfrenta una casa autoritaria y rancia con los colores de un concierto pop, y la claridad con la que la película expone la violencia de la institución. Pero también señaló que su contundencia lo explica todo y deja poco espacio al espectador, y que ese exceso de énfasis le resta alcance político.

Lo que aprende un director

Es un debate que todo director enfrenta cuando cuenta una historia de abuso o de violencia real. Mostrarlo todo tiene una ventaja: nadie puede ignorar lo que pasó. Sugerir tiene otra: obliga al público a completar la escena con su imaginación, y a veces eso pesa más que cualquier imagen.

No hay una respuesta correcta, pero sí una pregunta útil antes de rodar cada escena dura: ¿qué necesita ver el público para entender, y qué gana si no lo ve? El cine dominicano tiene sus propias historias pendientes de este tipo, de la dictadura de Trujillo a la violencia contra la mujer, y la forma de contarlas importa tanto como contarlas.

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