Tinto Brass, uno de los nombres más conocidos y más discutidos del cine italiano, murió el miércoles en Roma a los 93 años. Su familia dio la noticia a la agencia ANSA, según One Mann's Movies. No se informó la causa.
Antes de la fama
Nacido en Milán en 1933 y criado en Venecia, Brass estudió Derecho, pero dejó esa carrera por el cine. Trabajó como archivista en la Cinemateca Francesa, en París, y fue asistente de dos directores importantes: Roberto Rossellini, uno de los padres del neorrealismo, y Alberto Cavalcanti.
Debutó como director en 1963 con Chi lavora è perduto, una película ambientada en Venecia que fue bien recibida en el Festival de Venecia. Durante los años siguientes hizo cine de vanguardia, experimental en la forma y en el montaje, muy lejos de la imagen por la que después sería conocido.
Calígula y la polémica
Fuera de Italia, su nombre quedó unido a Calígula, de 1979, la épica histórica con Malcolm McDowell, Helen Mirren, Peter O'Toole y John Gielgud, financiada por Bob Guccione, fundador de Penthouse, y con guion de Gore Vidal. La producción fue un caos: Brass y Vidal se pelearon con los productores, se añadieron escenas que el director no filmó y al final Brass apareció acreditado solo por la fotografía principal. La película se convirtió en uno de los casos más citados de un director que pierde el control de su obra.
Después, Brass se dedicó al cine erótico con títulos como Salon Kitty, La llave, Miranda y Paprika. Siempre defendió que su cine celebraba el erotismo y no era pornografía, una distinción que la crítica nunca terminó de aceptar.
Lo que deja
Es difícil hablar de Brass sin la polémica, y no hace falta esquivarla. Pero su carrera también deja una lección útil para cualquier director: el caso de Calígula es una advertencia sobre lo que pasa cuando el corte final, el dinero y la visión creativa están en manos distintas. Un director que no protege su obra en el contrato puede terminar firmando una película que no reconoce.
También es un recordatorio de que muchos directores que asociamos con un solo género empezaron en otro lugar. Brass aprendió el oficio en una cinemateca y al lado de Rossellini antes de encontrar el estilo por el que lo recordarán, para bien o para mal.
Le sobreviven su esposa, Caterina Varzi, y sus hijos, Bonifacio y Beatrice.

