En los años ochenta, la televisión religiosa en Estados Unidos era un negocio gigantesco. Predicadores con programas propios, cadenas enteras y millones de espectadores recaudaban donaciones, influían en la política y construían imperios. Tres de los más poderosos, Jim Bakker, Jerry Falwell y Jimmy Swaggart, terminaron enfrentados en un escándalo sexual y una pelea pública que paralizó al país.
Esa historia es Primetime Preacher$, el nuevo documental de Joe Berlinger, que llega a Netflix el 20 de noviembre.
El documental
Según Netflix, la película reúne a personas que estuvieron dentro de esos ministerios para contar cómo vendían la salvación por televisión, cómo creció su influencia política y cómo se desmoronaron cuando estallaron los escándalos. El tráiler muestra una mezcla de entrevistas, archivo de los programas de la época y una estética que juega con la iconografía religiosa.
Quién es Berlinger
Joe Berlinger es uno de los documentalistas más influyentes de Estados Unidos. Con la trilogía Paradise Lost, codirigida con Bruce Sinofsky, contribuyó a la liberación de los llamados Tres de West Memphis, condenados en Arkansas en un caso muy cuestionado. Fue nominado al Óscar y en los últimos años se ha convertido en uno de los nombres clave del true crime en Netflix, con series como Conversations with a Killer y Crime Scene.
Su método combina dos cosas: un acceso cuidadoso a los protagonistas y un uso muy narrativo del archivo, que convierte las grabaciones de la época en escenas.
Lo que enseña
Este tipo de documental depende casi por completo del archivo. Los programas de televisión, los noticieros y las grabaciones privadas son la materia prima, y el trabajo del director es encontrar en ellos una historia con personajes, conflicto y giros. Pero el archivo solo no basta: los testigos le dan sentido y emoción.
Para los documentalistas dominicanos, hay una idea útil. La televisión del país, con sus programas religiosos, políticos y de variedades, guarda décadas de historia en archivos que casi nadie ha revisado. Quien se tome el trabajo de buscarlos, conseguir los permisos y encontrar a quienes vivieron esas historias tiene en sus manos documentales que nadie más puede hacer.

