Antes de ser una franquicia, Rocky fue un guion escrito por un actor que no tenía para pagar la renta. Esa historia es I Play Rocky, la nueva película de Peter Farrelly, director de Green Book, que llegó este viernes 6 de noviembre a salas selectas de Estados Unidos y a los cines del Reino Unido, y se amplía a todo Estados Unidos el 20 de noviembre. Es una apuesta con fecha pensada: el 21 de noviembre se cumplen 50 años del estreno de Rocky.
La historia
Anthony Ippolito interpreta a Sylvester Stallone en los años setenta, cuando apenas sobrevive como actor en Nueva York. Según la sinopsis, duerme en la calle por momentos, acepta trabajos mal pagados y hasta tiene que vender a su perro, Butkus, para comprar comida. Una noche ve la pelea entre Muhammad Ali y Chuck Wepner, un boxeador desconocido que aguantó 15 asaltos contra el campeón, y escribe Rocky en una sola noche.
Los productores Robert Chartoff e Irwin Winkler aman el guion, pero no quieren a Stallone como protagonista. Le ofrecen cada vez más dinero para que lo venda. Él se niega. Al final, United Artists acepta una producción de bajo presupuesto con él al frente, con la condición de reemplazarlo si se atrasa el rodaje. Con el pago del guion, Stallone recupera a Butkus.
En el reparto están AnnaSophia Robb como Sasha Czack, su primera esposa, Matt Dillon como su padre, Stephan James como Carl Weathers, y Toby Kebbell, P. J. Byrne, Jay Duplass y Tracy Letts. El guion es de Peter Gamble y la fotografía de Sean Porter.
La recepción
La película estrenó en el Festival de Toronto, donde estuvo nominada al premio del público, y la crítica la ha recibido bien. The Playlist la describió como entretenimiento nostálgico, ligero y emocionante, hecho con oficio.
Hubo un poco de polémica: en 2025, Stallone dijo que nadie lo había contactado sobre la película. Farrelly respondió que sí tenía su aprobación, y que le aconsejó no participar como productor para que el público no pensara que era una versión autorizada de su propia historia.
Lo que enseña
I Play Rocky es, en el fondo, una película sobre el control creativo. Stallone tenía un guion valioso y una sola carta: negarse a venderlo sin él. Esa decisión le cambió la vida, pero tuvo un costo real: menos dinero, un rodaje agotador, un director que filmaba casi todo en una sola toma y la amenaza constante de ser reemplazado.
Para un cineasta independiente, la lección es concreta. Cuando tienes algo que otros quieren, tu guion, tu historia, tu acceso a una comunidad, tienes poder de negociación. Antes de firmar, decide qué es lo que no vas a ceder. Y la otra lección es igual de importante: Rocky se hizo con poco dinero, en locaciones reales de Filadelfia y con un equipo pequeño. La limitación no impidió la película. La definió.

