En 1959, Pedro Aníbal Fuentes Berg tenía 32 años y era fotógrafo. Las autoridades de La 40, la cárcel clandestina que fue uno de los centros de la represión de Trujillo, lo obligaron a fotografiar a los presos mientras los torturaban en la silla eléctrica. Él y su hermano Gilberto encontraron la forma de enviar copias de esas imágenes al exterior, donde alertaron al exilio dominicano y a la comunidad internacional. En enero de 1960 los detuvieron, y los dos fueron asesinados.
Su historia es el centro de El fotógrafo de la 40, el documental de Erika Santelices y Orlando Barría, que el 19 de octubre se presentó en la Casa Hispánica de la Universidad de Columbia, en Nueva York.
La película
Santelices y Barría son fotógrafos chilenos que viven en República Dominicana desde hace más de dos décadas. El proyecto empezó en 2018, cuando vieron en el Museo de la Dignidad una de las fotos de Fuentes Berg. Primero pensaron en un corto para otros fotógrafos; terminó siendo un largometraje de 76 minutos.
La película reúne el testimonio de los hijos del fotógrafo, Gladys y Gustavo, y de familiares de presos que él retrató, además de material de archivo. Incluye un momento muy íntimo: las cartas que Fuentes Berg escribió a sus hijos, que ellos guardaron durante décadas sin abrir. La producción es de Fernando Santos Díaz, la fotografía de Jan Philippe Evertsz y Orlando Barría, y la música de Manuel Tejada. El proyecto ganó el concurso de FONPROCINE.
Estrenó en 2024 y desde entonces ganó el premio a mejor documental internacional en el Puerto Rico Film Festival, y premios a mejor documental en los Adopresci y en el Dominican Film Festival de Nueva York.

En Columbia
La función fue seguida de una conversación entre Santelices y Daniel Alarcón, escritor, profesor de periodismo en Columbia y cofundador de Radio Ambulante. Hablaron de la fotografía como documento histórico, de la responsabilidad de quien cuenta una historia y de cómo preservar la voz de las víctimas. Alarcón dijo que la película le reveló una parte de la historia dominicana que no conocía. La presentación contó con el apoyo de DGCINE.
La foto como documento
Santelices lo resumió en una frase cuando estrenó la película: asumen la fotografía como un documento. Es la clave de esta historia. Las imágenes de Fuentes Berg se hicieron por orden de los torturadores, para registrar su violencia, y terminaron convertidas en prueba de sus crímenes.
Para cualquier fotógrafo, es un recordatorio del peso que puede tener una imagen fuera de su intención original. Para la memoria de un país, es también una lección sobre archivos: muchas de las fotos más importantes de nuestra historia no están en museos, sino en cajas, álbumes familiares y cartas sin abrir. Encontrarlas, conservarlas y contarlas es un trabajo que el cine y la fotografía dominicana todavía tienen pendiente.

