Películas
Wicker: Olivia Colman se casa con un hombre tejido y Wētā Workshop lo hizo de verdad
La fábula de Eleanor Wilson y Alex Huston Fischer, con Alexander Skarsgård como un esposo de mimbre, llega a los cines. Por qué sus directores se negaron a hacerlo digital.

Una pescadora solitaria en un pueblo medieval le encarga al cestero del lugar que le teja un esposo. El esposo cobra vida, resulta ser encantador y pone en evidencia a todos los hombres del pueblo. Así arranca Wicker, que llegó a salas selectas de Estados Unidos el 23 de octubre, se amplía el 30 y estrena ese mismo día en el Reino Unido.
La película
Olivia Colman es la pescadora, Alexander Skarsgård el esposo de mimbre y Peter Dinklage el cestero. Completan el reparto Elizabeth Debicki, Richard E. Grant y Nabhaan Rizwan. La dirigen y escriben Eleanor Wilson y Alex Huston Fischer, a partir de un cuento de Ursula Wills-Jones. Se rodó en Budapest con fotografía de Lol Crawley, estrenó en Sundance en enero y la distribuye Black Bear.
La crítica la ha recibido bien. Time Out le dio cuatro estrellas y la comparó con el humor de Monty Python and the Holy Grail, con una alegoría de género directa pero una ejecución impecable, y un giro final hacia el folk horror.
Un personaje que se podía tocar
Lo más interesante para quien hace cine es cómo se construyó el esposo. Los directores decidieron desde el principio que no podía ser un personaje digital. Wētā Workshop, el taller neozelandés detrás de The Lord of the Rings, creó un traje en tres capas: una base de prótesis impresa en 3D con la forma del cuerpo de Skarsgård, mimbre real tejido encima y apenas un poco de CGI para que se viera hueco entre las fibras.
La base impresa resolvió un problema concreto: un cuerpo humano no se puede reproducir con fibras rectas tejidas. La estructura daba la forma y el tejido daba la textura. Skarsgård contó que, con tanta prótesis en la cara, tenía que exagerar sus gestos, y que a veces los directores le pedían más movimiento de cejas.
Lo que enseña
La decisión tiene una lógica que sirve para cualquier presupuesto: si el personaje está en el set, los actores reaccionan a algo real. Colman podía abrazarlo, mirarlo y discutir con él. Esa química es muy difícil de fingir frente a una pelota de tenis en un palo.
No todos tienen a Wētā, pero el principio se puede aplicar a menor escala. Un vestuario bien hecho, una prótesis sencilla o un objeto construido a mano pueden ahorrar semanas de posproducción y darle a la escena una verdad que el público nota. En una época en la que todo se puede generar, lo que se puede tocar vuelve a ser un valor.
Comentarios (1)
Inicia sesión para comentarPregunta editorial: La fábula de Eleanor Wilson y Alex Huston Fischer, con Alexander Skarsgård como un esposo de mimbre, llega a los cines. ¿Qué conversación debería abrir este tema entre quienes hacen y siguen cine en el país?
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