Dirección
Sara Flores: la artista shipibo que lleva el kené de la Amazonía a los museos del mundo
Un documental estrenado en Toronto sigue a la artista indígena peruana que pasó de la selva a White Cube y la Bienal de Venecia. Y plantea cómo se filma una tradición sagrada.

En una aldea de la Amazonía peruana, una mujer de más de setenta años arranca corteza de un árbol para preparar un tinte. Semanas después, la tela que pintó a mano con líneas geométricas cuelga en una galería de Londres. La mujer es Sara Flores, artista shipibo-conibo, y su camino entre esos dos mundos es el centro de The Hummingbird Paints Fragrant Songs, un documental que tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto en septiembre.
Qué es el kené
El kené es el sistema de diseño geométrico del pueblo shipibo-conibo, que vive a orillas del río Ucayali, en la Amazonía de Perú. Son patrones de líneas que se cruzan y se ramifican como un laberinto, y que tradicionalmente se pintan o bordan sobre telas, cerámica y el propio cuerpo. Para los shipibo no son simple decoración: están ligados a la medicina, al canto y a las visiones, y cada diseño tiene un sentido dentro de su cosmología.
Se pintan a mano alzada, sin bocetos, con tintes naturales que las propias artistas preparan con plantas de la selva. Es un conocimiento que pasa de madres a hijas.

Sara Flores, Untitled (Shao Maya Pei Kené), 2025 · White Cube
De la selva a White Cube
Sara Flores fue la primera artista de kené en firmar sus obras, algo que empezó a hacer en los años setenta por consejo de un antropólogo que visitaba su comunidad. Ese gesto, que parece pequeño, cambió todo: convirtió una práctica colectiva y anónima en la obra de una autora.
Hoy es una de las artistas indígenas más reconocidas del mundo. Expone con White Cube, una de las galerías más influyentes del arte contemporáneo, que ha mostrado su obra en Nueva York, Londres y París. Representa a Perú en la Bienal de Venecia. Colaboró con Dior en una edición de artista del bolso Lady Dior. Y el Museo de Arte de Lima le dedicó una retrospectiva, la primera exposición individual de una artista indígena en la historia de esa institución.
Aun así, ella misma dice que la valoran más afuera que en su propio país.
Un documental sin explicaciones
The Hummingbird Paints Fragrant Songs lo dirigen Matteo Norzi, artista y cofundador del Shipibo-Conibo Center de Nueva York, una organización que ofrece asistencia legal y curaduría a artistas shipibo, y Èlia Gasull Balada, montadora de Icaros: A Vision.
La película elige un camino poco común para un documental sobre arte: no hay entrevistas a cámara ni narrador que explique. La cámara simplemente acompaña a Sara Flores mientras recoge corteza en la selva, pinta, viaja a sus exposiciones y llama a su familia por FaceTime desde cuartos de hotel. Entre esas escenas aparecen guardias indígenas que patrullan la Amazonía contra la tala ilegal y los invasores de tierras. El clímax llega en la retrospectiva de Lima, donde sus obras quedan frente a pinturas coloniales que representan la conquista y la conversión de los pueblos indígenas.
Lo que hay detrás del éxito
El documental no esconde las tensiones. Sara Flores trabaja con sus hijas y nietas, como un taller familiar, y el dinero de sus ventas mantiene a su familia y apoya a organizaciones indígenas de autogobierno. Pero el éxito llega tarde: con la edad, los calambres en las manos le hacen cada vez más difícil trazar el detalle fino del kené.
Y está la pregunta de fondo: qué pasa cuando una práctica sagrada entra al mercado del arte global. Quién se beneficia, quién decide qué vale y quién cuenta esa historia.
Por qué nos importa
Para quien hace documental en el Caribe y en Latinoamérica, esta película plantea preguntas que valen para cualquier tradición propia. Cómo se filma una práctica espiritual sin convertirla en espectáculo exótico para un público extranjero. Cuánto debe explicar un documental y cuánto debe dejar que la imagen hable. Y quién tiene derecho a contar la historia de una comunidad.
En República Dominicana tenemos nuestras propias tradiciones vivas, como los Congos de Villa Mella o las cofradías del sur, que enfrentan las mismas preguntas cuando alguien llega con una cámara. La respuesta de Norzi y Gasull Balada es acompañar en lugar de explicar, y dejar que la artista sea la autora de su propio retrato. No es la única forma de hacerlo, pero es una que respeta.
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