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María Montez: la dominicana que Hollywood llamó la Reina del Technicolor

Nació en Barahona y fue una de las primeras estrellas latinoamericanas de Hollywood. La historia de la actriz que brilló en color, el precio de ser vendida como exótica y el culto que vino después.

Por Mateo Liriano··39 vistas
Retrato de estudio de María Montez
Universal Pictures

En 1942, Universal estrenó su primera película filmada con el Technicolor de tres tiras, el proceso que convertía la pantalla en una explosión de rojos, dorados y azules. Se llamaba Arabian Nights, y en el centro de esos colores había una mujer nacida en Barahona. Se llamaba María África Gracia Vidal. Hollywood la conoció como María Montez.

Durante unos pocos años fue una de las caras más reconocidas del estudio y una de las primeras latinoamericanas en encabezar películas de Hollywood. La prensa la bautizó como la Reina del Technicolor. Hoy, fuera de un aeropuerto y una estación de metro que llevan su nombre, muy pocos dominicanos saben quién fue.

De Barahona a Universal

María Montez nació el 6 de junio de 1912 en Barahona. Se fue a Estados Unidos, firmó con Universal y el estudio la convirtió en la estrella de sus aventuras exóticas en color. Arabian Nights fue su primer protagónico y un éxito inmediato.

Después vinieron White Savage (1943), Cobra Woman (1944), Ali Baba and the Forty Thieves (1944), Gypsy Wildcat y Sudan. En total hizo 26 películas: 21 en Estados Unidos y cinco en Europa.

María Montez en Arabian Nights

María Montez en Arabian Nights (1942) · Universal Pictures

Por qué la llamaron la Reina del Technicolor

El apodo no venía solo de que actuara en películas a color. El Technicolor de los años cuarenta era un proceso caro y saturado, pensado para el espectáculo: telas brillantes, joyas, fuego, decorados imposibles. Montez parecía hecha para ese mundo. En Cobra Woman, donde interpreta a dos hermanas gemelas, una de ellas sacerdotisa de un culto a una serpiente, su danza ceremonial es el ejemplo perfecto: el color no la rodea, la necesita.

Sus películas no eran grandes obras de arte. Eran fantasías de evasión para un público que vivía la Segunda Guerra Mundial, y funcionaron. Universal las repitió una y otra vez con la misma fórmula y con ella al frente.

María Montez en Cobra Woman

María Montez en Cobra Woman (1944) · Universal Pictures

El precio de ser exótica

Hay una parte menos glamorosa de la historia. Hollywood vendió a Montez como exótica, la etiqueta que usaba para casi todas las actrices latinoamericanas. Interpretó a princesas árabes, sacerdotisas de islas inventadas y gitanas, casi nunca a una mujer de su propio lugar o de su tiempo. Su origen caribeño servía para venderla como algo lejano y misterioso, no para contar historias que se parecieran a ella.

Aun así, Montez supo construir su propia imagen dentro de esos límites. Se presentaba como una estrella segura de sí misma, en una época en que eso no se esperaba de una mujer, y menos de una latina.

Una vida corta

En 1943 se casó con el actor francés Jean-Pierre Aumont, con quien tuvo a su hija, Tina Aumont, que también fue actriz. Cuando terminaron sus años en Universal, se fue a trabajar a Europa. El 7 de septiembre de 1951 murió en Suresnes, cerca de París, a los 39 años. Está enterrada en el cementerio de Montparnasse.

El culto que vino después

Lo curioso es que su fama creció después de su muerte. En los años sesenta, el cineasta experimental Jack Smith la convirtió en un ícono del estilo camp y le rindió homenaje en Flaming Creatures (1963). Para el cine underground de Nueva York, María Montez representaba algo que Hollywood no había querido ver: la belleza del exceso, del artificio y del color sin disculpas.

Lo que nos queda

En República Dominicana, el aeropuerto internacional de Barahona lleva su nombre desde 1996, y una estación del Metro de Santo Domingo desde 2012. Pero sus películas casi no se ven, y su historia rara vez se cuenta en las escuelas de cine.

Vale la pena recuperarla. No porque sus películas sean perfectas, sino porque María Montez abrió una puerta que muy pocos latinoamericanos habían cruzado, y lo hizo siendo dominicana, en color y como protagonista. Más de ochenta años después, cuando el cine del Caribe sigue peleando por contar sus propias historias, su figura recuerda lo lejos que llegó una mujer de Barahona, y lo que le costó llegar.

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