Dirección

20 años de El laberinto del fauno: el cuento de hadas que cambió el cine latinoamericano

Guillermo del Toro vuelve a Morelia para celebrar dos décadas de la película que demostró que el cine de género latinoamericano podía ser cine de autor.

Por Mateo Liriano··101 vistas
El Fauno en El laberinto del fauno
Picturehouse

El 27 de mayo de 2006, en el Festival de Cannes, el público se levantó al terminar la proyección de una película mexicana sobre una niña, un fauno y la España de Franco. Aplaudieron durante 22 minutos, una de las ovaciones más largas en la historia del festival. La película era El laberinto del fauno, y su director, Guillermo del Toro, tenía 41 años.

Veinte años después, la película vuelve. Su restauración en 4K se estrenó este año en la sección Cannes Classics, y el Festival Internacional de Cine de Morelia, que se celebra del 16 al 25 de octubre, le dedica una gala especial con Del Toro presente. Es el momento de preguntarse qué cambió esa película.

Un cuento de hadas en tiempos de guerra

El laberinto del fauno ocurre en el verano de 1944, en la España de la posguerra. Ofelia, una niña interpretada por Ivana Baquero, llega con su madre embarazada a un molino en el monte donde su nuevo padrastro, un capitán franquista, persigue a la resistencia. Mientras el mundo real se vuelve cada vez más cruel, Ofelia descubre un laberinto y a un fauno que le dice que es una princesa perdida y le encarga tres pruebas.

La genialidad de Del Toro está en no separar los dos mundos. El fantástico no es un escape del real, es su espejo. El Hombre Pálido, la criatura sin ojos que se sienta frente a un banquete que no se puede tocar, es tan aterrador como el capitán Vidal en la mesa de su comedor. A los dos los mueve la misma lógica: el poder que devora.

El Hombre Pálido en El laberinto del fauno

Ofelia frente al Hombre Pálido · Picturehouse

Lo que demostró

Antes de El laberinto del fauno, el cine de género latinoamericano, el terror y la fantasía, solía verse como algo menor, entretenimiento de serie B. Del Toro demostró que una película con monstruos podía ser al mismo tiempo cine político, cine de autor y un éxito de taquilla. Ganó tres premios Óscar, a la mejor fotografía, para el mexicano Guillermo Navarro, a la dirección de arte y al maquillaje, y estuvo nominada a mejor película extranjera por México, a guion original y a música.

Su crítica sigue siendo extraordinaria: en Metacritic tiene 98 sobre 100, la película mejor valorada de su década en ese sitio.

Y no estaba sola. 2006 fue el año en que tres mexicanos coincidieron en la cima: Alfonso Cuarón estrenó Children of Men, Alejandro González Iñárritu estrenó Babel y Del Toro, El laberinto del fauno. Los tres amigos, como los llamó la prensa, cambiaron la forma en que Hollywood miraba a los directores latinoamericanos. En los años siguientes, los tres ganarían el Óscar a mejor director.

El artesano

Hay algo en el método de Del Toro que vale la pena estudiar. Casi todas las criaturas del filme, incluidos el Fauno y el Hombre Pálido, interpretados por Doug Jones, se hicieron principalmente con maquillaje y prótesis físicas, no con efectos digitales. Del Toro diseña sus monstruos en sus cuadernos mucho antes de filmarlos. Es un cine que se construye a mano, y por eso envejece tan bien.

Guillermo del Toro en el rodaje de El laberinto del fauno

Guillermo del Toro en el rodaje · Picturehouse

Lo que significa para nosotros

En República Dominicana, el terror y el cine de género llevan años creciendo, muchas veces con presupuestos mínimos y sin la consideración que reciben otros géneros. El laberinto del fauno es la mejor prueba de que no hace falta elegir entre el monstruo y la idea. Una historia sobre nuestra propia historia, sobre la dictadura, la violencia o la memoria, puede contarse con criaturas, sombras y cuentos de hadas, y llegar más lejos que un drama solemne.

También deja una lección de oficio: el diseño de producción, el maquillaje y la fotografía no son decorado, son el lenguaje de la película. Del Toro no tuvo el presupuesto de Hollywood. Tuvo una visión muy precisa de cada cuadro.

Veinte años después, El laberinto del fauno sigue siendo lo que era en Cannes: una película que nos recuerda que el cine latinoamericano puede imaginar cualquier cosa.

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